21.5.12

yo y mi casa serviremos a Jehová



Jos 24:15  Y si mal os parece servir a Jehová,  escogeos hoy a quién sirváis;  si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres,  cuando estuvieron al otro lado del río,  o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis;  pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Es esencial que el servicio del pueblo de Dios sea hecho con actitud voluntaria. Porque el amor es el único principio genuino del cual puede provenir todo servicio aceptable a Dios. El Padre tales adoradores busca que le adoren: los que le adoran en espíritu y en verdad. Los designios de la carne son enemistad contra Dios, por tanto, el hombre carnal es incapaz de dar adoración espiritual. De ahí la necesidad de nacer de nuevo. Pero gran cantidad de personas se quedan solo en las formalidades cuando se les imponen tareas.

Josué les dio a elegir, pero no como si fuera indiferente que ellos sirvieran o no a Dios. Escogeos a quien sirváis, ahora las cosas están clara ante vosotros. Él resuelve servir a Dios, sea lo que fuere que los demás hagan. Quienes resuelven servir a Dios no deben importarles estar solos de ahí en adelante. Los que van al cielo deben estar dispuestos a nadar contra la corriente. No deben hacer como la mayoría , sino como los mejores . Nadie puede comportarse como debiera en cualquier situación sin considerar profundamente sus deberes religiosos en las relaciones familiares.

Los israelitas estuvieron de acuerdo con Josué, influidos por el ejemplo del hombre que había sido una bendición tan grande para ellos; nosotros también serviremos al Señor. Fijaos cuánto bien hacen los grandes hombres por su influencia, si son celosos en la religión.

Josué los lleva a expresar el pleno propósito del corazón de ser fieles al Señor. Deben despojarse de toda confianza en su propia suficiencia o de lo contrario, sus propósitos serán vanos. Cuando hubieron decidido deliberadamente servir a Dios, Josué los ata con un pacto solemne. Hace un monumento para memoria. De esta manera emotiva Josué se despidió de ellos; si perecen, la sangre de ellos será sobre sus cabezas.

Aunque la casa de Dios, la mesa del Señor y hasta los muros y árboles ante los cuales hemos expresado nuestros propósitos solemnes de servirle, dieran testimonio en contra nuestra si lo negáremos, de todos modos podemos confiar en Él, que pondrá temor en nuestro corazón para que no nos apartemos de Él. Sólo Dios puede dar gracia, sin embargo, bendice nuestros esfuerzos por hacer que los hombres se comprometan en su servicio.


Hechos 16:31  Ellos dijeron:  Cree en el Señor Jesucristo,  y serás salvo,  tú y tu casa.
Hechos 16:32  Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.


No son pocos ni pequeños los consuelos de Dios para sus siervos que sufren. ¡Cuánto más felices son los cristianos verdaderos que sus prósperos enemigos! Desde lo profundo y desde las tinieblas debemos clamar a Dios. No hay lugar, no hay tiempo que sean malos para orar si el corazón va a ser elevado a Dios. Ningún problema, por penoso que sea, debe impedirnos alabar. Se demuestra que el cristianismo es de Dios en que nos obliga a ser rectos con nuestra vida.

Pablo gritó fuerte para que el carcelero escuchara, y hacerle obedecer, diciendo: No te hagas daño. Todas las advertencias de la palabra de Dios contra el pecado y todas sus apariencias, y todas sus aproximaciones, tienen esta tendencia. Hombre, mujer, no te hagas daño; no te hieras, porque nadie más puede herirte; no peques, porque nada puede herirte sino eso. Aun con referencia al cuerpo se nos advierte contra los pecados que lo dañan. La gracia que convierte cambia el lenguaje de la gente al de la buena gente y de los buenos ministros. —¡Qué grave es la pregunta del carcelero! Su salvación se convierte en su gran interés; lo que yace más cerca de su corazón es lo que antes distaba más de sus pensamientos. Está preocupado por su alma preciosa. Los que están enteramente convencidos de su pecado y verdaderamente interesados en su salvación, se entregarán a Cristo. Aquí está el resumen de todo el evangelio, el pacto de gracia en pocas palabras: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa.

El Señor bendijo tanto la palabra que el carcelero fue de inmediato ablandado y humillado. Los trató con bondad y compasión, y al profesar fe en Cristo fue bautizado en ese nombre, con su familia. El Espíritu de gracia obró una fe tan fuerte en ellos, que disipó toda duda ulterior; y Pablo y Silas supieron por el Espíritu, que Dios había hecho una obra en ellos. Cuando los pecadores así se convierten, amarán y honrarán a los que antes despreciaban y odiaban, y procurarán aminorar los sufrimientos que antes deseaban acrecentar. Cuando los frutos de la fe empiezan a aparecer, los terrores serán sustituidos por la confianza y el gozo en Dios.

19.5.12

Orad sin cesar



1Ts 5:16-22  Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo,  porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo;  retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.

Tenemos que regocijarnos en las bendiciones de la criatura, como si no nos regocijáramos, sin esperar vivir muchos años y gozándonos durante todos ellos, pero si nos regocijamos en Dios podemos hacerlo para siempre jamás. Una vida verdaderamente religiosa es una vida de gozo constante. Podemos regocijarnos más si oramos más. La oración ayudará a llevar adelante todo asunto lícito y toda buena obra. Si oramos sin cesar no nos faltará tema para dar gracias en todo. Veremos razones para dar gracias por perdonar y prevenir, por las misericordias comunes y las excepcionales, las pasadas y las presentes, las espirituales y las temporales. No sólo por las cosas prósperas y agradables, sino también por las providencias aflictivas, por los castigos y las correcciones, porque Dios designa todo para nuestro bien, aunque, en la actualidad, no veamos en qué nos ayuda.

No apaguéis al Espíritu. Se dice que los cristianos son bautizados con el Espíritu Santo y con fuego. Él obró como fuego, iluminando, avivando y purificando las almas de los hombres. Como el fuego se apaga quitándole el combustible, y se sofoca echándole agua, o poniéndole mucha tierra encima, así debemos tener cuidado de no apagar al Espíritu Santo consintiendo los afectos y concupiscencias carnales, preocupándonos sólo de las cosas terrenales. Los creyentes suelen impedir su crecimiento en la gracia al no darse a los afectos espirituales producidos en sus corazones por el Espíritu Santo.

Por profecía entiéndase aquí la predicación de la palabra, la interpretación y la aplicación de las Escrituras. No debemos despreciar la predicación aunque sea simple, y no nos diga más de lo que sabíamos antes. Debemos escudriñar las Escrituras. Si probamos todas las cosas, debemos retener lo que es bueno. Debemos abstenernos de pecar, y de todo lo que tenga apariencia de pecado, que conduzca o se aproxime al pecado. El que no se refrena de las apariencias del pecado, el que no elimina las ocasiones de pecar, y no evita las tentaciones ni el acercamiento al pecado, no se mantendrá por mucho tiempo sin pecar.

Nadie tiene mayor amor



Juan 15:9-17  Como el Padre me ha amado,  así también yo os he amado;  permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos,  permaneceréis en mi amor;  así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre,  y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado,  para que mi gozo esté en vosotros,  y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento:  Que os améis unos a otros,  como yo os he amado.   Nadie tiene mayor amor que este,  que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos,  si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos,  porque el siervo no sabe lo que hace su señor;  pero os he llamado amigos,  porque todas las cosas que oí de mi Padre,  os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros,  y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto,  y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé. Esto os mando:  Que os améis unos a otros.


Aquellos a quienes Dios ama como Padre pueden despreciar el odio de todo el mundo. Como el Padre amó a Cristo que fue digno hasta lo sumo, así amó a sus discípulos, que eran indignos. 

Todos los que aman al Salvador deben perseverar en su amor por Él, y aprovechar todas las ocasiones para demostrarlo. El gozo del hipócrita dura sólo un momento, pero el gozo de los que permanecen en Cristo es una fiesta continua. Tienen que demostrar su amor por Él obedeciendo sus mandamientos. Si el mismo poder que primero derramó el amor de Cristo en nuestros corazones, no nos mantuviera en ese amor, no permaneceríamos en ese amor por mucho tiempo.

El amor de Cristo por nosotros debe llevarnos a amarnos mutuamente. Él habla como si estuviera por encargar muchas cosas, pero nombra sólo a esta: abarca muchos deberes.