18.2.12

He aquí una confesión de su fe

Lucas 2:30  Porque han visto mis ojos tu salvación,

El mismo Espíritu que proveyó para sostener la esperanza de Simeón, proveyó para su gozo. Los que desean ver a Cristo deben ir a su templo. He aquí una confesión de su fe, que el Niño que tiene en sus brazos era el Salvador, la salvación misma, la salvación planificada por Dios. Se despide de este mundo. ¡Cuán pobre le parece este mundo al que tiene a Cristo en sus brazos, y la salvación a la vista! Véase aquí, cuán consoladora es la muerte de un hombre bueno; se va en paz con Dios, en paz con su conciencia, en paz con la muerte. Los que dieron la bienvenida a Cristo, pueden dar la bienvenida a la muerte.
José y María se maravillaban antes las cosas que se decían del Niño. Simeón les muestra igualmente cuánta razón tenían para regocijarse con temblor. Aún se habla contra Jesús, su doctrina y su pueblo; aún se niega y blasfema su verdad y su santidad; su palabra predicada sigue siendo la piedra de toque del carácter de los hombres. Los buenos afectos secretos de las mentes de algunos, serán revelados al abrazar a Cristo; las corrupciones secretas de los demás serán reveladas por su enemistad con Cristo. Los hombres serán juzgados por los pensamientos de sus corazones en relación a Cristo. Él será un Jesús sufriente; su madre sufrirá con Él debido a la cercanía de la relación y el afecto de ella.

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